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Campos electromagnéticos y salud

 

¿Qué son los campos electromagnéticos?

Los campos eléctricos y los campos magnéticos son áreas invisibles de energía en los que hay partículas eléctricas y magnéticas moviéndose a la vez. Cuando se cambian o se mueven juntos los dos campos, el eléctrico y el magnético, generan ondas electromagnéticas. En el medio en que vivimos, hay campos electromagnéticos (CEM) por todas partes, pero son invisibles para el ojo humano. Hay fuentes de origen natural, como las cargas eléctricas producidas por las tormentas o el campo magnético de la tierra, y fuentes generadas por las personas, como la electricidad que surge de cualquier toma de corriente (enchufe) y diversos tipos de ondas de radio que se utilizan para transmitir información, ya sea por medio de antenas de televisión, estaciones de radio o estaciones base de telefonía móvil. Hay dos categorías de campos electromagnéticos según la frecuencia de las ondas (es decir, del nº de veces que se repiten las ondas por segundo):

-De alta frecuencia: transportan tanta energía que son capaces de romper los enlaces entre las moléculas. De las radiaciones que componen el espectro electromagnético, los rayos gamma que emiten los materiales radioactivos, los rayos cósmicos y los rayos X tienen esta capacidad y se conocen como «radiación ionizante».

-De baja y media frecuencia: sin energía suficiente para romper los enlaces moleculares, se conocen como «radiación no ionizante»

¿Cuáles son las fuentes comunes de campos electromagnéticos no ionizantes o de baja frecuencia?

Son aquellas que producen generación y transmisión de electricidad, como los aparatos electrodomésticos y los equipos industriales, y las denominadas radiofrecuencias, producidas por las telecomunicaciones y la difusión de radio y televisión, como teléfonos móviles y tabletas, equipos de radar, estaciones de satélite, aparatos de resonancia magnética, hornos microondas, televisiones y monitores de ordenadores, redes inalámbricas de áreas locales (Wi-Fi), etc. 

¿Por qué los campos electromagnéticos generan tanto miedo?

La exposición a campos electromagnéticos no es un fenómeno nuevo. Sin embargo, en el siglo XX, la creciente demanda de electricidad, el constante avance de las tecnologías y los cambios en los hábitos sociales han generado cada vez más fuentes artificiales de campos electromagnéticos. Todos estamos expuestos a una combinación compleja de campos eléctricos y magnéticos débiles, tanto en el hogar como en el trabajo. Ante ello, es normal que nos preguntemos si tienen algún efecto nocivo para nuestra salud o la de las personas más vulnerables (niños, embarazadas) Los efectos biológicos son respuestas a un estímulo o cambio en el medio en el que vivimos que se pueden medir. Estos cambios no son necesariamente perjudiciales para la salud. Los campos electromagnéticos de bajas frecuencias inducen pequeñas corrientes circulantes en el interior del organismo que son demasiado pequeñas para producir efectos manifiestos. No cabe duda de que la exposición a corto plazo a campos electromagnéticos muy intensos puede ser perjudicial para la salud y, por tanto, hay recomendaciones y normas internacionales para disminuir o evitar en lo posible sus efectos: precauciones para realizar estudios radiológicos, normas estrictas de seguridad que rodean a las instalaciones nucleares, precauciones a la hora de tomar el sol, etc. Sin embargo, a pesar de las abundantes investigaciones realizadas, hasta la fecha no se ha podido concluir que la exposición a corto plazo a radiaciones de menor energía a los niveles presentes en el medio ambiente o en el hogar sea perjudicial para la salud. La preocupación actual de la sociedad y de los gobiernos se centra en si bajos niveles de exposición a largo plazo pueden o no provocar respuestas biológicas e influir en el bienestar de las personas. En 1996, en respuesta a estas inquietudes, la Organización Mundial de la Salud (OMS) instituyó el Proyecto Internacional de Campos Electromagnéticos para evaluar con rigor científico y de forma objetiva los posibles efectos en la salud. Desde entonces se han realizado o están en curso varios estudios epidemiológicos multinacionales de gran envergadura. Tanto la OMS como la Asociación Española contra el Cáncer son tajantes: hasta ahora no se ha encontrado evidencia consistente para una asociación entre cualquier fuente de CEM no ionizante y cáncer. Además, no se ha conseguido probar que exista una relación causal entre la exposición a campos electromagnéticos y ciertos síntomas notificados por algunas personas, fenómeno conocido como «hipersensibilidad electromagnética». La ausencia de efectos sobre la salud podría significar que realmente no existen; no obstante, podría también significar que existe un efecto pero no se puede detectar con los métodos actuales. La dificultad que conlleva realizar estudios de este tipo y el hecho de que no haya transcurrido tiempo suficiente para poder observar efectos a largo plazo, ha hecho que como medida de precaución, el Centro Internacional de Investigación sobre el Cáncer (CIIC) haya clasificado los campos electromagnéticos de radiofrecuencia como posible carcinógeno para los seres humanos del grupo 2B, categoría que se utiliza cuando se considera que puede haber una asociación de causa-efecto pero no puede descartarse que ésta asociación se deba al azar, los sesgos o los factores de confusión.

 

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