Adolfo Suárez, el artífice del cambio, el maestro del diálogo y el consenso, el mito de la Transición, el hombre de Estado, falleció el pasado 23 de marzo tras una larga enfermedad.
No recordaba que fue el primer Presidente de la democracia española, ni quien impulsó la Ley de Reforma Política, ni el artífice de los mayores logros colectivos que los españoles conseguimos como país: los derechos y libertades de la Constitución de 1978 y la vuelta de España al proyecto europeo. Pero es nuestro deber, el deber de todos los españoles recordarle; recordar su determinación, su búsqueda de consenso para hacer posible lo que hoy tenemos y somos. Adolfo Suárez lo dijo en su discurso del 9 de junio de 1976: “elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calles es plenamente norma”.
El hombre de la concordia y el consenso también fue un visionario, “la Democracia es sólo un sistema de convivencia, el menos malo de todos. No quiero que el sistema democrático sea un paréntesis en la Historia de España. La Transición española dará un ejemplo al mundo”.
Y así fue, porque él mismo fue un ejemplo de político, un hombre de Estado, que antepuso los intereses de la nación española.
Descanse en paz.
