El 27 de enero ha sido designado por la Asamblea General de las Naciones Unidas como el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto y la Prevención de los Crímenes contra la Humanidad, y por la Unión Europea como “Día Europeo de la Memoria del Holocausto”.
La fecha elegida no es ni mucho menos casual, ese día se conmemora la liberación del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau por parte de las tropas soviéticas; un campo donde fueron asesinados un millón y medio de judíos, además de personas de etnia romaní, polacos, rusos y prisioneros de otras varias nacionalidades.
El 27 de enero de este año marca el 76 aniversario de la liberación de Auschwitz-Birkenau. Hace 76 años el continente europeo abrió sus ojos frente a la inhumanidad, a la maldad, al incompresible horror que el ser humano es capaz de causar.
El Día de la Memoria del Holocausto es una gran ocasión para que los ciudadanos recuerden y condenen el enorme horror y la tragedia del Holocausto, que hagan frente al preocupante aumento del antisemitismo, especialmente en Europa, y para que aprendamos una vez más la lección de los peligros que se derivan de la falta de aceptación de las diferencias, de la apatía y la indiferencia, y del acoso a las personas por motivos de raza, origen étnico, religión, categoría social, convicciones políticas u orientación sexual.
Europa no debe olvidar su propia historia: los campos de concentración y de exterminio construidos por los nazis figuran entre las páginas más vergonzosas y dolorosas de la historia de nuestro continente; los crímenes cometidos en Auschwitz deben permanecer vivos en la memoria de las generaciones futuras, como advertencia contra genocidios de este tipo, que hunden sus raíces en el desprecio de los demás seres humanos, el odio, el antisemitismo, la xenofobia, el racismo y el totalitarismo.
El Holocausto marcó la conciencia de Europa, especialmente por el odio criminal contra los judíos a causa de su identidad. Pese a ello el antisemitismo y los prejuicios raciales y religiosos siguen constituyendo una amenaza muy grave para los valores europeos e internacionales de la democracia, los derechos humanos y el Estado de Derecho y, por consiguiente, para la seguridad general en Europa y en el mundo.
Rendimos hoy homenaje a todas las víctimas del nazismo, mostrándonos convencidos de que una paz duradera de Europa ha de basarse en el recuerdo de su propia historia; rechazamos y condenamos las opiniones revisionistas y la negación del Holocausto por vergonzosas y contrarias a la realidad histórica; enaltecemos los valores de la de la convivencia y el respeto y el valor supremo de la vida.

